La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El conde de Provenza, como siempre, tenía su mirada oblicua y falsa; bien sabía que por el pronto, al menos, no le amenazaba ningún peligro, pues en aquel momento era popular en la familia. ¿Por qué? No se sabe nada; tal vez porque se había quedado en Francia, mientras que su hermano, el conde de Artois, se había marchado.
Pero si el Rey hubiese podido leer en el fondo del corazón del conde de Provenza, falta saber si lo que hubiese encontrado allí le habría dejado intacto ese agradecimiento que le consagró, por lo que él consideraba un acto de abnegación.
En cuanto a Andrea, parecía de mármol; no había dormido más que la Reina, ni comido tampoco mejor que el Rey, pero las necesidades de la vida no hacían mella, al parecer, en aquella naturaleza excepcional. Tampoco había tenido tiempo para arreglar su tocado a cambiar de traje; pero ni un solo cabello de su cabeza estaba fuera de sitio, ni un solo pliegue de su vestido indicaba un rozamiento inusitado.