La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Adiós, maestro —dijo Gilberto, ofreciendo la mano a Cagliostro, pues por las pocas palabras que habÃa pronunciado, se habrá reconocido sin duda al terrible escéptico.
—Y, ¿por qué diablos?
—Porque tengo que hacer —contestó Gilberto sonriendo.
—¿Una cita?
—SÃ.
—¿Con quién? ¿Con Mirabeau, con Lafayette, o con la Reina?
Gilberto se detuvo mirando a Cagliostro con expresión inquieta.
—¿Sabéis que me espantáis algunas veces? —le dijo.
—Al contrario, deberÃa tranquilizaros —dijo Cagliostro.
—¿Cómo as�
—¿No soy amigo vuestro?
—Me parece que sÃ.
—Estad seguro de ello. ¿Queréis una prueba?
—Veamos.
—Venid conmigo y os daré, respecto a toda esa negociación que creéis muy secreta, detalles y pormenores que vos ignoráis, vos que creéis ser quien la dirige.