La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Oyó los dos nombres Provenza y Favras, y terminado el informe, Cagliostro sacó un doble luis del bolsillo y quiso dárselo al cochero, pero este movió la cabeza.

—Monseñor sabe muy bien —dijo—, que está prohibido por la junta suprema el admitir dinero por los informes.

—No te pago por lo que me has dado —dijo Bálsamo—, sino por tu carrera.

—Bajo este título, acepto.

Y tomando el doble luis, añadió:

—Gracias, monseñor, ya tengo el jornal del día.

Y saltando ligeramente a su pescante se alejó al trote de sus caballos, haciendo crujir su látigo y dejando a Gilberto maravillado de lo que acababa de ver y oír.

—¿Qué hacemos? —preguntó Cagliostro, que tenía la puerta abierta hacía algunos segundos, sin que Gilberto se acordase de entrar—. ¿No pasáis, querido doctor?

—Ya estoy aquí —contestó Gilberto—, dispensadme.

Y franqueó el umbral, tan aturdido que vacilaba como un hombre ebrio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker