La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Doctor, sois la duda viviente, y lo más terrible es que dudáis, no porque no creéis, sino porque no queréis creer. ¿SerÃa preciso deciros lo que sabéis tan bien como yo? Sea… después os hablaré de lo que sé mejor que vos.
—Ya escucho, Conde.
—Quince dÃas hace habéis hablado al Rey del señor de Mirabeau como único hombre que pudiera salvar la monarquÃa. Recordaréis que aquel dÃa salÃais de la habitación del Rey cuando el señor de Favras entraba.
—Lo cual prueba que aún no le habÃan ahorcado, Conde —replicó Gilberto sonriendo.
—¡Oh!, vais muy deprisa, doctor. No creÃa que fueseis tan cruel; dejad algunos minutos al pobre diablo: os hice la predicción el 6 de octubre, y estamos en 6 de noviembre, de modo que no ha transcurrido sino un mes. Conceded a su alma, para salir de su cuerpo, el tiempo que se otorga a un inquilino para dejar la habitación, un trimestre; pero observad, doctor, que me apartáis de mi camino.
—Volvamos a él, Conde; no deseo más que seguiros.
—Pues bien, habréis hablado al Rey del señor de Mirabeau como el único hombre que puede salvar la monarquÃa…
—Es mi opinión. Conde, y he aquà por qué he presentado esta combinación al Rey.