La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Habláis sobre hipótesis, Conde, y habÃais prometido convencerme con hechos.
—Rehusáis mi telescopio, y por lo tanto no hablemos más y volvamos a las cosas naturales, a las que se pueden observar a simple vista, a las deudas del señor Mirabeau, por ejemplo. ¡Ah!, he aquà cosas para las cuales no se necesita telescopio.
—Pues bien, Conde, aquà tenéis la oportunidad de mostraros generoso.
—¿Pagando las deudas del señor Mirabeau?
—¿Por qué no? Bien pagasteis un dÃa las del cardenal de Rohan.
—¡Ah!, no me censuréis por aquella especulación; fue una de aquellas que mejor resultado me dieron.
—¿Y qué os produjo?
—El asunto del collar… y me parece que fue muy bonito. A semejante precio, pago las deudas del señor Mirabeau; mas por lo pronto ya sabéis que él no cuenta conmigo; confÃa en el futuro generalÃsimo Lafayette, que le hace saltar para coger cincuenta mil francos, los cuales acabará por no darle.
—¡Oh, Conde!