La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Entre los artistas se halla Taima, el romano que desempeñando el papel de Tito hará una revolución, y gracias a él se cortarán las cabelleras, hasta que, gracias a Gollot d’Herbois, su colega, se corten las cabezas; David, que sueña el Leónidas y las Sabinas; David, que bosqueja su gran lienzo El Juego de la Pelota, y que acaba de comprar el pincel con que pintará su más hermoso lienzo y su más hediondo cuadro: Marat asesinado en su baño; Vernet, a quien se ha recibido en la Academia dos años hace, por su cuadro El Triunfo de Pablo Emilio, y que se entretiene en pintar caballos y perros, sin sospechar que, a cuatro pasos de él, cogido del brazo de Taima, se halla un joven teniente corso, de cabellos planos y sin polvos, que le preparan, sin imaginarlo él mismo, cinco de sus más hermosos lienzos: El Paso del Monte de San Bernardo y Las Batallas de Rívoli, de Marengo, de Austerlitz, y de Wagram; Larive, heredero de la escuela de declamación, que no se digna ver aún un rival en el joven Taima, que prefiere Voltaire a Corneille y de Belloy a Racine; Lais, el cantante que hace las delicias de la Ópera en los papeles de Mercader de la Caravana, del cónsul de Trajano, y de Cinna, de la Vestal; Lafayette, Lameth, Duport, Sieyès, Thouret, Chapellier, Rabaut-Saint-Etienne, Lanjuinais, Montloisier; y además, enmedio de todos estos, con el aire provocativo y la nariz al viento, la figura presuntuosa del diputado de Grenoble, Barnave, cuyos hombres medianos hacen la competencia a Mirabeau.