La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señor lonjista, ¿no es hijo de un caballero llamado Beausire el niño a quien tenéis el honor de servir en este momento?
—¿Y qué contestó el hombre, hijo mÃo? —preguntó el padre.
—Dijo que no sabÃa si era hijo de un caballero, pero que sà se llamaba Beausire. «¿Y no vive aquà cerca?», preguntó el caballero. «SÃ, en esta misma casa de la izquierda, en el tercer piso». «Pues dad a este niño todas las buenas cosas que pida, yo pago», replicó el caballero. Y volviéndose hacia mÃ, añadió: «Toma, pequeño, aquà tienes un luis para comprar más confites, cuando te hayas comido estos». Entonces me puso el luis en la mano; el lonjista me coloco la bolsa de papel debajo del brazo, y me marché muy contento. Pero ¿dónde está mi luis?
Y el niño, que no habÃa visto el escamoteo de Beausire, comenzó a buscar la moneda por todas partes.
—¡Torpe —dijo el padre—, lo habrás perdido!
—¡No, no! —exclamó el niño.
Esta discusión hubiera podido llegar a ser más seria, a no haber mediado un incidente que por necesidad debÃa poner a ella término.