La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —De aquel en que pasáis por sargento de guardias; de aquel que os hace acudir a una cita esta noche en las arcadas de la Plaza Real.
Beausire palideció al oÃr esto.
—¡Oh!, señor Conde —exclamó, uniendo las manos con ademán suplicante.
—¿Qué?
—¡No me perdáis!
—¡Bien!, no comencéis a divagar. ¿Acaso soy yo teniente de policÃa para perderos?
—¿Lo ves? —exclamó Nicolasa—. ¡Bien te decÃa yo que te enredabas en un mal negocio!
—¡Ah! ¿Le conocéis vos también, señorita Leguay?
—No, caballero, pero, es que… cuando Beausire me oculta alguna cosa, es porque tiene algo de malo. En cuanto a mÃ, puedo estar tranquila.
—Pues bien, por lo que toca a lo de que hablo, señorita Leguay, os engañáis, porque se trata de un negocio excelente.
—¡Ah!, veo que también lo juzgáis asà —exclamó Beausire—. El señor Conde es caballero, y comprende que toda la nobleza se interesa…