La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Para que salga bien, es cierto; mas por su parte, todo el pueblo se interesa igualmente para que fracase. Ahora bien, si queréis creerme, señor de Beausire, y comprended que os doy un consejo de verdadero amigo, no toméis parte en favor de la nobleza ni del pueblo.
—Pues, ¿por quién la he de tomar?
—Por vos.
—¿Por m�
—¡Claro está! —exclamó Nicolasa—; bastante has pensado en los otros, y tiempo es ya de que pienses en ti.
—Ya lo oÃs —dijo Cagliostro—, vuestra compañera habla como San Juan Pico de Oro. Recordad bien una cosa, señor Beausire, y es que todo negocio tiene dos aspectos, uno bueno y otro malo; puede ser favorable para unos y desfavorable para los otros; pero cualquiera que fuere, no puede ser malo ni bueno tampoco para todo el mundo; tan sólo se trata de tomar el negocio por la mejor parte.
—¡Ah, ah!, parece que yo no he sabido elegir la buena…
—No del todo, señor Beausire, no; falta mucho para que asà sea, y hasta añadiré que si os empeñáis, esta vez no arriesgaréis el honor, ni tampoco la fortuna, sino la vida… SÃ, probablemente os ahorcarÃan.