La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —«Por eso, apreciable señor de Beausire, os contestarĂa la voz, por eso ha ido Ă©l a buscaros, y desde el momento en que lo hizo, convenid en que ya no tenĂais excusa. Pues bien, bastaba decirle: “Señor Conde: bien sĂ© que sois muy aficionado a noticias”, y yo las tengo muy frescas. “Caballero, el hermano del Rey conspira”». “¡Bah!…”. “SĂ, con el marquĂ©s de Favras”. «¡No es posible!”. “Si tal; sĂ© lo que digo, puesto que soy uno de los agentes del marquĂ©s”. “¿De veras? ÂżY cual es el objeto de la trama?”. “Llevarse al Rey y conducirle a Perona. Y ahora, señor Conde, para distraeros, voy a deciros, hora por hora, minuto por minuto si es necesario, cĂłmo está el asunto en este momento”. Entonces, amigo mĂo, el Conde, que es un caballero generoso, os habrĂa contestado: “¿QuerĂ©is realmente hacer eso, señor de Beausire?”. “SĂ”. “Pues bien, como todo trabajo merece recompensa, si cumplĂs la palabra dada, ahĂ tengo en un rincĂłn veinticuatro mil libras que me proponĂa emplear en una obra benĂ©fica; pero a fe mĂa que las darĂ© por satisfacer este capricho. El dĂa en que se lleven al Rey, o en que el señor de Favras sea cogido, vendrĂ©is a buscarme, y a fe de caballero, se os entregará dicha suma, como se os entregan diez luises, no como adelanto, sino como donativo”».