La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Es decir, incrédulo… Vamos, pues: habéis venido la primera vez a Francia, llamado por vuestros asuntos de familia; nada tengo que ver con ellos, y de consiguiente…
—No —replicó Gilberto creyendo confundir a Cagliostro—, decid lo que sepáis.
—Pues bien, esta vez se trataba para vos de ocuparos de la educación de vuestro hijo Sebastián, y de ponerle en el colegio en una pequeña ciudad situada a dieciocho o veinte leguas de ParÃs. También deseabais arreglar negocios con vuestro arrendatario, un buen hombre que retenéis en ParÃs contra su voluntad, y al que, por mil razones, le convendrÃa mucho estar con su mujer.
—¡A decir verdad, maestro, sois prodigioso!