La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Que es aventurado, que se necesitan grandes precauciones; pero que no es imposible.
—Por lo pronto —dijo el Rey—, para que el concurso del señor Bouillé tuviera toda la eficacia que su lealtad promete, ¿no convendrÃa que a su mando en Metz se agregara el de varias provincias, y particularmente el del Franco-Condado?
—Tal es la opinión de mi padre, señor, y me felicito de que el Rey haya sido el primero en manifestarlo; el Marqués temÃa que Vuestra Majestad lo atribuyese a una ambición personal…
—Vamos, ¿no conozco yo el desinterés de vuestro padre? Decidme si se ha explicado con vos respecto al camino que se debe tomar.
—Ante todo, mi padre teme una cosa.
—¿Cuál?
—Que se presenten a Vuestra Majestad varios proyectos de fuga, bien por parte de España, del Imperio, o de los emigrados de TurÃn, y que de todos estos proyectos opuestos entre sÃ, hagan abortar, por algunas de esas circunstancias fortuitas que se atribuyen a la fatalidad, y que son casi siempre resultado de la envidia o de la imprudencia de los partidos.