La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Amigo Luis, os prometo dejar a todo el mundo intrigar a mi alrededor; por lo pronto es una necesidad de los partidos y también de mi situación. Mientras que el espÃritu de Lafayette y las miradas de la Asamblea sigan todos esos hilos, nosotros, sin más confidentes que las personas estrictamente necesarias para la ejecución del proyecto —personas todas con quienes estamos seguros de poder contar—, seguiremos nuestro camino con tanta más seguridad cuanto más misterioso sea.
—Señor, convenidos en este punto, he aquà lo que mi padre tiene el honor de proponer a Vuestra Majestad.
—Hablad —dijo el Rey, inclinándose sobre el mapa de Francia, a fin de seguir con los ojos los diferentes proyectos que el joven iba a expresar verbalmente.
—Señor, hay varios puntos por donde el Rey puede marchar.
—Sin duda.
—¿Ha hecho su elección Vuestra Majestad?
—Aún no; esperaba el consejo del señor Bouillé, y presumo que me lo traéis.
El joven hizo con la cabeza una señal, respetuosa y afirmativa a la vez.
—Hablad —dijo Luis XVI.