La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Y por eso —replicó Gamain, cogiendo las manos del armero—, de aquà en adelante seremos amigos a vida y a muerte!
Y rehusando con una sobriedad verdaderamente espartana, el vaso de vino que por tercera o cuarta vez le presentaba el desconocido, a quien acababa de jurar una amistad eterna, Gamain, en el que el amoniaco habÃa producido su doble efecto, disipando los vapores del vino y haciéndose repugnante por veinticuatro horas, Gamain, decimos, tomó el camino de Versalles. Llegó sano y salvo a las dos de la madrugada, con los veinticinco luises del Rey en su bolsillo, y el bizcocho de la Reina envuelto en el pañuelo.
Una vez solo en la taberna, el falso armero sacó de su faltriquera unas tablillas de concha, incrustadas de oro, y escribió con lápiz la doble nota siguiente:
Detrás de la alcoba del Rey, en el corredor oscuro que conduce a la cámara del DelfÃn, armario de hierro.
Asegurarse de que este Luis Lecomte, oficial de cerrajero, no es simplemente el conde Luis, hijo del marqués de Bouillé, llegado de Metz once dÃas hace.