La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —No dijo nada; revistió el cadáver del otro carcelero, que no habÃan enterrado aún, con la ropa que yo dejé; le dispararon un pistoletazo en pleno rostro, se dejó caer el arma a su lado, y declaróse que, habiendo obtenido yo la pistola, sin saberse por qué medio, me habÃa disparado un tiro en la cabeza; se hizo constar mi muerte, y se mandó enterrar al carcelero bajo mi nombre. De aquà resulta que estoy bien muerto, apreciable doctor, y por más que dijese que vivo, me contestarÃan por la partida de defunción, demostrándome que he muerto; pero no se necesitarÃa probármelo, pues me conviene por el pronto que se me crea fuera de este mundo. En su consecuencia, me he sumergido en las sombrÃas orillas, como dice el ilustre abate Delille, para reaparecer bajo otro nombre.
—¿Y cómo os llamáis ahora, para que yo no cometa ninguna indiscreción?
—Ahora me llamo el barón Zannone, soy banquero genovés, y descuento los valores de los prÃncipes en buen papel, por el estilo del que tenÃa el cardenal de Rohan, mas por fortuna no me retiro con el interés… A propósito, ¿necesitáis dinero, apreciable doctor? Ya sabéis que mi corazón y mi bolsillo se hallan hoy, como siempre, a vuestra disposición.
—Gracias.