La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Ah! ¿Creéis causarme molestia por haberme encontrado vestido con un traje de obrero? ¡Oh!, no os preocupéis por eso; es uno de mis disfraces, y ya conocéis mis ideas sobre la vida; esta es un largo carnaval, donde siempre se está más o menos vestido de máscara. De todos modos, escuchad, amigo Gilberto: si alguna vez necesitáis dinero, en ese cofrecillo que veis se halla mi caja particular, entendedlo bien; la caja grande está en ParÃs, en la calle de San Claudio, en el Marais; y si necesitáis cualquier suma, tanto si estoy como si no estoy, entrad sin reparo; ya os enseñaré cómo se abre mi puertecilla; oprimiréis este resorte, mirad como se hace, y encontraréis siempre ahà un millón poco más o menos.
Cagliostro oprimió el resorte, y la parte anterior del cofrecillo descendió por sà mismo, dejando en descubierto un montón de oro y varios fajos de billetes de caja.
—Sois verdaderamente un hombre prodigioso —dijo Gilberto riéndose—; pero ya sabéis que con mis veinte mil libras de renta soy más rico que el Rey. ¿Y no teméis ahora que se os inquiete en ParÃs?