La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Inútil parece decir que apenas un ujier hubo anunciado al Rey y otro a la Reina, todos los cuchicheos, todas las conversaciones y las carcajadas cesaron, siguiéndose el más respetuoso silencio.
Los dos augustos personajes entraron.
Cuanto más el genio revolucionario despojaba a la monarquÃa de todos sus prestigios, uno a uno, exteriormente, más en aumento iban en la intimidad entre los verdaderos realistas, preciso es decirlo asÃ, esas pruebas de respeto que comunicaban a los desgraciados Reyes nueva esperanza: en el año 89 se vieron grandes ingratitudes, pero en el 93 hubo supremas abnegaciones.
La princesa de Lamballe y madame Isabel, se apoderaron de la Reina.
El conde de Provenza se adelantó directamente hacia el Rey para ofrecerle sus respetos, inclinóse y le dijo:
—Hermano mÃo, ¿no podrÃamos arreglar un poco de juego particularmente, vos, la Reina, yo y algunos amigos Ãntimos, a fin de que bajo las apariencias de un whist, nos sea dado hablar confidencialmente?
—De muy buena gana, hermano mÃo —contestó el Rey—, arreglad eso con la Reina.
El conde de Provenza se acercó a MarÃa Antonieta, a quien Charny presentaba sus respetos, diciendo en voz baja: