La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —SÃ; ¿qué contestará el barón de Charny en nombre del Rey?
—Contestará —dijo Luis XVI, desprendiéndose de su casaca de manos de la Reina—, que el Rey no puede permitir que le secuestren.
Y se alejó.
—Lo cual quiere decir —continuó el conde de Provenza—, que si el marqués de Favras se lleva al Rey sin su permiso, se le agradecerá con tal de que obtenga buen resultado, pues el que no le alcanza es un necio, y en polÃtica estos merecen doble castigo.
—Señor Barón —dijo la Reina a Isidoro—, esta misma noche, sin perder un momento, iréis a casa del marqués de Favras, para repetirle las propias palabras de Su Majestad: «El Rey no puede permitir que le secuestren». A él es a quien toca comprenderlas, o a vos explicarlas. Id.
Isidoro de Charny, que con razón consideraba la respuesta del Rey la recomendación de la Reina como un doble consentimiento, cogió su sombrero, salió vivamente, y subiendo a un coche, dijo al conductor:
—Plaza Real, número 21.