La Condesa de Charny
La Condesa de Charny LO QUE LA REINA HABÍA VISTO EN UNA BOTELLA
VEINTE AÑOS ANTES, EN EL CASTILLO DE TAVERNEY
Al levantarse de la mesa de juego, el Rey se había dirigido hacia el grupo de jóvenes cuyas alegres carcajadas habían llamado su atención, aun antes de entrar en la sala.
Cuando estos le vieron acercarse, siguióse el más profundo silencio.
—Y bien, señores —preguntó—, ¿es el Rey tan desgraciado que haya de llevar la tristeza consigo?
—Señor… —murmuraron los jóvenes.
—Reinaba mucha alegría y reíase ruidosamente cuando entramos, hace poco, la Reina y yo —dijo Luis XVI.
Y moviendo la cabeza, añadió:
—¡Pobres de los reyes ante los cuales nadie se atreve a reír!
—Señor —contestó el conde de Lameth—, el respeto…
—Querido Carlos —dijo el Rey—, cuando salíais de vuestro colegio los domingos y los jueves y yo os hacía venir a Versalles para recrearos, ¿os absteníais alguna vez de reír porque yo estuviese allí? Antes he dicho: «¡Pobres de los reyes ante los cuales nadie se atreve a reír!», y ahora digo: «¡Felices los reyes ante los cuales se ríe!».
