La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Y ¿qué habéis prometido y comenzado a cumplir?
—He pensado, señor, que ese gran bienhechor de la humanidad debÃa obtener su recompensa en el beneficio mismo, y asà es que mañana, en el número de las Actas de los Apóstoles, que se imprime esta noche, se efectuará el bautismo. Justo es que la hija del señor GuillotÃn, reconocida hoy públicamente por su padre ante la Asamblea nacional, se llame señorita Guillotina.
El mismo Rey no pudo menos de sonreÃr.
—Y como no hay boda ni bautismo sin canción —dijo Carlos Lameth—, el señor Suleau ha hecho dos para su ahijada.
—¡Dos! —exclamó el Rey.
—Señor —dijo Suleau—, debe haber para todos los gustos.
—Y, ¿qué aire habéis adoptado para esas canciones? Yo no veo ninguno que les convenga, como no sea el De profundis.
—¡Nada de eso, señor! Vuestra Majestad olvida qué agradable será hacerse cortar el cuello por la hija del señor GuillotÃn… ¡Hasta se formará cola a la puerta! No, señor, para una de mis canciones he elegido una música muy a la moda, la del minué de Exaudet, y para la otra, todos los aires de un popurrÃ.
—Y ¿se puede conocer algo de vuestra poesÃa, señor Suleau? —preguntó el Rey.