La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —No soy de la Asamblea nacional —dijo—, para tener la pretensión de limitar los poderes del Rey, no; yo soy un súbdito fiel de Vuestra Majestad, y mi opinión es que el soberano puede todo cuanto quiere.
—Pues entonces, ya escucho.
Sin hacerse esperar, el periodista entonó a media voz las estrofas de la canción, y cuando hubo concluido, las carcajadas de los jóvenes redoblaron.
Aunque todo esto no pareció muy alegre al Rey, como Suleau era uno de los más fieles servidores, no quiso dejar ver la especie de emoción que sin que él se diese cuenta le angustiaba en aquel momento.
—Pero me habÃais hablado de dos canciones —dijo el Rey—; veamos la otra.
—Voy a complaceros, señor.
Y Suleau entonó la segunda, que por la gracia y el talento con que estaba escrita, asà como la primera, y por el ridÃculo en que ambas ponÃan a GuillotÃn, excitaron de nuevo la hilaridad de los concurrentes.