La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El Rey se volvió y vio a Gilberto, que habiendo entrado durante la discusión se acercó respetuosamente, manteniéndose hasta entonces silencioso, y que ahora contestaba a la pregunta del Rey.
—¡Ah!, sois vos, doctor —dijo el Rey estremeciéndose—. ¡Ah, estabais ahÃ!
—SÃ, señor.
—Y ¿cómo ha salido el experimento?
—Perfectamente en las dos primeras pruebas, señor, mas en la tercera, aunque la columna vertebral quedó cortada, fue preciso concluir el corte con un cuchillo.
Los jóvenes escuchaban con la boca abierta y el espanto en los ojos.
—¿Cómo? —exclamó Carlos Lameth, hablando visiblemente en nombre de todos los demás—. ¿Se ha ejecutado a tres hombres esta mañana?
—SÃ, caballero —contestó el Rey—; pero eran tres cadáveres suministrados por el Hospital. Y ¿qué opináis vos, señor Gilberto?
—¿Sobre qué, señor?
—Sobre el instrumento.
—Señor, indudablemente es un progreso, si se compara con las máquinas del mismo género inventadas hasta hoy; pero el accidente ocurrido con el tercer cadáver, prueba que esa guillotina necesita perfeccionamiento.