La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Y ¿cómo está construida? —preguntó el Rey, en quien se despertaba el genio del mecanismo.
Gilberto trató de dar una explicación; pero como el Rey, según las palabras del doctor, no podÃa hacerse cargo con exactitud respecto a la forma del instrumento, dijo de pronto:
—Venid, doctor; aquà tenemos sobre la mesa plumas, papel y tinta… creo que sabéis dibujar.
—SÃ, señor.
—Pues bien, hacedme un croquis, y comprenderé mejor.
Y como los jóvenes caballeros, contenidos por el respeto, no se atrevÃan a seguir al Rey sin ser invitados, este les dijo:
—Venid, venid, estas cuestiones interesan a la humanidad entera.
—Y además —dijo Suleau a media voz—, ¡quién sabe si alguno de nosotros está destinado a unirse con la señorita Guillotina! Vamos, señores, vamos a trabar conocimiento de nuestra futura.
Y todos, siguiendo al Rey y a Gilberto, agrupáronse alrededor de la mesa, ante la cual, para ejecutar más fácilmente su dibujo, el doctor tomó asiento a invitación del Rey.
Gilberto comenzó a trazar el croquis de la máquina cuyas lÃneas seguÃa Luis XVI con la más escrupulosa atención.