La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Conde, Conde, erais más consolador en América.
—¡Pardiez, ya lo creo! Me hallaba en medio de un pueblo que nace, y aquà estoy entre una sociedad que acaba; todo marcha hacia la tumba en nuestro mundo envejecido: nobleza y monarquÃa, y esa tumba es un abismo.
—¡Oh!, os abandonó la nobleza, querido Conde, o, más bien, la nobleza se abandonó a sà propia en la famosa noche del 4 de agosto; pero salvemos la monarquÃa, que es el paladión de Francia.
—¡Ah!, he aquà palabras pomposas, querido Gilberto ¿Acaso el paladión salvó a Troya? ¡Salvar a la monarquÃa! ¿Creéis que sea cosa fácil hacerlo con semejante Rey?
—Pero, de todos modos, es el descendiente de una gran raza.