La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Escuchad —dijo el carcelero—, y podréis juzgar vos mismo.

En efecto, oíase mucho ruido en los pisos superiores; se abrían y cerraban puertas, y en el suelo resonaban los golpes de las culatas de los fusiles.

—¡Ah, ah! —exclamó Favras—. ¿Es por mi todo ese ruido?

—Vienen a leeros vuestra sentencia, señor Marqués.

—¡Diablo!, procura que el señor escribano me de tiempo para ponerme los pantalones.

El carcelero salió, cerrando la puerta tras sí.

Durante este tiempo, el señor de Favras se puso sus medias de seda, sus zapatos con hebilla y su pantalón.

En aquel momento, la puerta se abrió otra vez.

El Marqués no juzgó oportuno seguir arreglándose, y esperó. Estaba verdaderamente seductor, con la cabeza echada hacia atrás, los cabellos en parte despeinados, y la chorrera de blonda entreabierta.

En el instante en que el escribano entró, el Marqués se doblaba el cuello de la camisa.

—Ya lo veis, caballero —le dijo—, os esperaba dispuesto para el combate.

Y se pasó la mano por el cuello descubierto, preparado ya para la aristocrática espada o el plebeyo lazo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker