La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Si hubiera escuchado en el momento de pasar el Conde, seguramente habría oído latir su corazón en aquel ancho pecho.
Al oír anunciar al Conde, una mujer se levantó en el ángulo más lejano del kiosco, y con una especie de vacilación, casi de terror, dio algunos pasos para salir a su encuentro.
Aquella mujer era la Reina.
También su corazón latía con violencia; tenía ante sus ojos aquel hombre odiado y fatal; aquel hombre a quien se acusaba de haber promovido los sucesos del 5 y 6 de octubre; aquel hombre cuyo auxilio se esperó un instante, pero que fue rechazado por la corte, haciendo sentir después la necesidad de tratar otra vez con él para calmar los accesos de cólera que habían llegado a lo sublime.
El primero, fue su manera de apostrofar al clero.
El segundo, el discurso en que explicó de qué modo los representantes del pueblo y los diputados de las ciudades se habían constituido en Asamblea nacional.
Mirabeau se acercó con una gracia y una cortesía que la Reina quedó admirada de reconocer en él al primer golpe de vista.
Adelantándose algunos pasos, saludó respetuosamente y esperó.