La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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En otro capítulo de este libro hemos referido cómo Pitou, después de conducir a Catalina a la granja, después de haber sabido de su boca, en medio de lágrimas y sollozos, que el accidente que acababa de sufrir era debido a la marcha de Isidoro, había vuelto a Haramont agobiado bajo el peso de aquella confesión, y al entrar en su casa encontró la carta de Sebastián, que le indujo a marchar a París.

En la capital le hemos visto esperando al doctor Gilberto y a Sebastián, con tal inquietud que ni siquiera pensó en hablar a Billot de lo sucedido en la granja.

Solamente cuando estuvo seguro de la suerte de Sebastián, al verle volver de la calle de San Honorato con su padre, y cuando supo, de la misma boca del joven, los detalles de su viaje, se acordó de Catalina, de la granja y de la señora Billot, y entonces habló de la mala cosecha, de las lluvias continuas y del desvanecimiento de Catalina.

Ya hemos dicho que este desmayo era lo que había extrañado particularmente a Billot, induciéndole a pedir a Gilberto la licencia que este le concedió.

Durante todo el camino, Billot había interrogado a Pitou sobre aquel desmayo, pues el digno labrador apreciaba en mucho su granja, quería a su mujer como buen marido, y amaba sobre todo a su hija.


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