La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y sin embargo, gracias a sus invariables ideas sobre el honor y a sus invencibles principios de probidad, este amor le inducía a ser algunas veces tan inflexible juez como tierno padre era.
Interrogado por él, Pitou contestaba:
Que había encontrado a Catalina en medio del camino, muda, inmóvil e inanimada; que creyéndola muerta, la levantó desesperado en sus brazos, sentándola luego sobre sus rodillas; que muy pronto echó de ver que respiraba, y que entonces la llevó corriendo a la granja, donde con la ayuda de la madre Billot la depositó en su lecho.
Una vez allí, mientras la desconsolada madre se lamentaba, él le echó brutalmente agua en el rostro; la frescura hizo abrir los ojos a Catalina, y al ver esto, juzgando que su presencia no era ya necesaria en la granja, se retiró a su domicilio.
Lo demás, es decir, todo cuanto se refería a Sebastián, el padre Billot lo había oído contar una vez, y esto le bastaba.
De aquí resultó que; volviendo sin cesar a ocuparse de Catalina, Billot se perdía en conjeturas sobre el accidente ocurrido, y las causas probables que pudieron motivar el mismo.
Estas conjeturas se traducían en preguntas dirigidas a Pitou, a las que este contestaba diplomáticamente: «No sé».