La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Después de esta primera parte, pasaba a la segunda y decíase:

«Si le ama más que yo a ella, debe sufrir por lo tanto más que yo, en cuyo caso padece mucho».

Y pasando a la tercera parte de su dilema, es decir, a la conclusión, deducía con tanta más lógica cuanto que se refería al exordio:

«En efecto, padece más que yo, puesto que se desmaya, y a mí no me sucede esto nunca».

De aquí la profunda compasión que hacía enmudecer a Pitou al hablarle Billot de Catalina, mutismo que desataba las inquietudes del labrador, las cuales se traducían más claramente por los latigazos que aplicaba de continuo sobre los ijares de su caballo, alquilado en Dammartín. Así es que a las cuatro de la tarde, los dos viajeros y el cuadrúpedo que tiraba del vehículo se detuvieron a la puerta de la granja, donde los ladridos de los perros anunciaron muy pronto su presencia.

Apenas hicieron alto, Billot saltó a tierra y entró rápidamente en su casa.

Pero un obstáculo con que no contaba se elevó en el umbral de la alcoba de su hija.


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