La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Hijo mÃo, no tenemos pan! Espera hasta la noche, y tal vez no nos falte entonces.
El DelfÃn extendió la mano hacia los hombres que llevaban los panes en las puntas de sus bayonetas, y contestó:
—Pues esos hombres tienen.
—SÃ, pero ese pan es suyo, y no nuestro; han venido a buscarle a Versalles, diciendo que hacÃa tres dÃas que les faltaba en ParÃs.
—¡Tres dÃas! —exclamó el niño. ¿No han comido en tres dÃas, mamá?
La etiqueta exigÃa de ordinario que el DelfÃn llamase a su madre señora; pero el pobre niño tenÃa hambre como, un simple hijo de pobre, y por lo tanto llamaba a su madre mamá.
—No, hijo mÃo —contestó la Reina.
—Pues entonces deben tener mucha gana —replicó el niño suspirando.
¡Pobre niño real, que más de una vez, antes de morir, debÃa pedir inútilmente pan, como acababa de hacerlo!
En la barrera se detuvieron de nuevo; pero esta vez no para descansar, sino para celebrar la llegada con cantos y danzas.
¡Extraña detención, casi tan amenazadora en su alegrÃa como las demás lo fueron en su terror!