La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El mensajero atravesó la cocina y entró después en la habitación de la enferma, sin ningún impedimento ni recomendación alguna. Solamente la señora Billot le dijo:

—¡Ah!, ¿eres tú, Pitou?

A lo que el joven se limitó a contestar:

—Sí, señora Billot.

Catalina dormía con un sueño bastante tranquilo, como lo había previsto el doctor Raynal; cerca de ella, recostada en un gran sillón y con los pies sobre los morillos de la chimenea, estaba la enfermera; sumida en esa especie de soñolencia tan peculiar en esta honrosa clase de la sociedad que, no teniendo derecho para dormir del todo, ni fuerza para mantenerse del todo despierta, se parece a esas almas que tienen prohibido bajar hasta los Campos Elíseos, y que no pudiendo remontar hasta el día, vagan eternamente en los límites de la vela y del sueño.

La enfermera recibió, pues, en el estado de sonambulismo que le era habitual, el frasco que Pitou le presentaba, destapóle, le dejó sobre la mesita de noche y puso al lado la cucharilla de plata, a fin de que la enferma esperase lo menos posible cuando se le debiera dar el medicamento.

Después volvió a recostarse en el sillón.

En cuanto a Pitou, sentóse sobre el reborde de la ventana para ver a Catalina más a su gusto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker