La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —La enferma está mejor, madre Billot —contestó el joven.
—Entonces, ¿adónde vas?
—A Villers-Cotterêts.
—Y, ¿qué tienes que hacer all�
Pitou vaciló un instante, pues no era de esos que saben contestar oportunamente.
—¿Qué tengo que hacer all�… —repitió para ganar tiempo.
—Sà —dijo la voz del padre Billot—, mi mujer te pregunta para que vas allÃ.
—Voy para avisar al doctor Raynal.
—¿No te dijo el doctor que no le avisaras sino en el caso que ocurriera algo nuevo?
—Pues bien —contestó el joven—, puesto que la señorita Catalina está mejor, me parece que esto es algo nuevo.
Sea que el padre Billot le pareciera parentoria la contestación de Pitou, o que no quisiera oponer dificultades a un hombre que al fin y al cabo le traÃa una buena noticia, no hizo ya ninguna otra observación respecto a la marcha de Pitou.
Y el joven se marchó, mientras que él padre Billot entraba en su habitación y su mujer inclinaba de nuevo la cabeza sobre el pecho.
Pitou llegó a Villers-Cotterêts a las seis menos cuarto de la mañana.