La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Al entrar en la tienda de la madre Colomba, llena de panecillos y de alfeñiques, Pitou comprendió por primera vez que, si quería obtener buen resultado en su negociación para que la cartera le entregase las cartas de la señorita Catalina, era preciso valerse, si no de la corrupción, por lo menos de la seducción.
Por lo tanto, compró algunos alfeñiques y un panecillo.
Hecha y pagada esta adquisición, aventuró su pregunta.
Había graves dificultades.
Las cartas no se debían entregar sino a las personas a quienes iban dirigidas, o, por lo menos, a los que estuviesen autorizados para recibirlas.
La madre Colomba no dudaba de la palabra de Pitou, pero exigía una autorización por escrito.
Pitou vio que era necesario hacer un sacrificio.
Y prometió llevar al día siguiente el recibo de la carta, si esta hubiese llegado ya, juntamente con una autorización de Catalina para recibir todas cuantas viniesen.
Promesa que acompañó con una segunda compra de alfeñiques y pan.
Era el medio de no rehusar nada a la mano que estrena, sobre todo de una manera tan liberal.