La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La madre Colomba no opuso ya más que ligeras objecciones, acabando por autorizar a Pitou para que le siguiese a correos, donde le entregaría la carta de la joven, en el caso de haber llegado.
Pitou siguió a la mujer comiéndose sus dos panecillos y chupando los alfeñiques.
Jamás se había permitido semejante derroche; pero ya se sabe que Pitou era rico, gracias a las liberalidades del doctor Gilberto.
Al llegar a la gran plaza se acercó a la fuente, aplicó la boca a uno de los cuatro caños que entonces tenía, y durante cinco minutos contuvo la corriente de agua sin dejar caer una gota. Después paseó la mirada en torno suyo y pudo ver una especie de teatro que se elevaba en medio de la plaza.
Entonces recordó que en el momento de su partida se hablaba mucho de una reunión en Villers-Cotterêts, a fin de sentar las bases de una federación entre el primer distrito del cantón y de los pueblos inmediatos.
Los diversos acontecimientos particulares que ocurrían en torno suyo le habían hecho olvidar este suceso político que, sin embargo, no carecía de cierta importancia.
Entonces pensó en los veinticinco luises que le había dado el doctor Gilberto al marcharse, para ayudarle a poner bajo el mejor pie posible la guardia nacional de Haramont.