La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y levantó la cabeza con orgullo al pensar en el magnífico aspecto que presentaría, gracias a los veinticinco luises, los treinta y tres hombres que tenía a sus órdenes.
Esto le ayudó a digerir sus dos panecillos y cuatro alfeñiques, que, unidos a la cantidad de agua absorbida, hubieran podido, a pesar del calor de los jugos gástricos de que la naturaleza le había provisto, pesar mucho en el estómago, a no ser por el excelente digestivo que se llama el amor propio satisfecho.