La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Sà —continuó la señora Clement—, habla de una ciudad llamada TurÃn, y de un paÃs que tiene por nombre Cerdeña, llamando después a Pitou, para que le diga dónde está ese paÃs y qué ciudad es esa.
—Ya he concluido —dijo Pitou absorbiendo el resto de su sidra y limpiándose la boca con la manga.
La mirada del padre Billot le detuvo.
—De todos modos —dijo el joven—, si el señor Billot cree oportuno que vaya a dar a la señorita Catalina las explicaciones que desea…
—¿Por qué no? —contestó la madre Billot—. Puesto que la pobre niña te llama, ya puedes ir, muchacho, tanto más cuanto que el señor de Raynal ha dicho que tenÃas disposición para la medicina.
—¡Diablo! —exclamó cándidamente Pitou—, preguntad a la enfermera cómo hemos cuidado de la señorita Catalina esta noche pasada… La señora Clement no ha dormido un instante, ni yo tampoco.
Era cosa muy hábil, por parte de Pitou, tocar este delicado punto respecto a la enfermera, pues como esta habÃa dormido perfectamente desde medianoche a las seis de la mañana, declarar que no habÃa cerrado los ojos un sólo instante, era hacerse de ella una amiga.
—Está bien —dijo Billot—, puesto que Catalina pregunta por ti, ve a verla; tal vez llegará un momento en que nos llame también a su madre y a mÃ.