La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero la joven tenÃa una marcada expresión de tristeza, y su alegrÃa de la mañana habÃa desaparecido como desaparece un fresco y risueño rayo de la aurora bajo los vapores tempestuosos del mediodÃa.
En su lucha con el abate Fortier, en su declaración de los derechos del hombre, su padre habÃa arrojado el guante al clero y a la nobleza, reto tanto más terrible cuanto que procedÃa de más baja esfera.
HabÃa pensado en Isidoro, que ya no era nada… nada más que cualquier otro hombre.
Y no era el tÃtulo, ni la categorÃa ni la riqueza, lo que la joven echaba de menos en él, pues hubiera amado a Isidoro siendo un simple campesino; mas parecÃale que se procedÃa de una manera violenta, injusta y brutal con aquel joven, y que el padre Billot, al arrancarle sus tÃtulos y privilegios, en vez de acercarle a ella algún dÃa, debÃa alejarle para siempre.
En cuanto a la misa, nadie se acordó de ella, y se perdonó casi al abate Fortier su salida contrarrevolucionaria; pero este, al dÃa siguiente, encontró su clase casi desierta, pues su negativa de oficiar en el altar de la libertad, le hacÃa perder su carácter popular entre los padres patriotas de Villers-Cotterêts.