La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —No, no —replicó el Rey—, anoche habéis dormido poto o nada, y es preciso que descanséis bien esta noche; no solamente la Reina necesita fuerzas sino que también deben recobrarlas sus amigas.
Entretanto, el ayuda de cámara que habÃa ido a informarse, volvió.
—El señor Weber —añadió—, sabiendo el gran favor con que la Reina honra a la señora Condesa, ha creÃdo satisfacer los deseos de Su Majestad reservando para la señora Condesa una habitación contigua a la de la Reina. MarÃa Antonieta se estremeció, pensando que, si no habÃa más que una habitación para la señora Condesa, en ella se debÃa alojar también al Conde.
Andrea vio el estremecimiento que pasaba por las venas de la Reina.
Ninguna de las sensaciones que una de aquellas dos mujeres sentÃa pasaba desapercibida para la otra.
—Por esta noche, pero solamente por esta noche —dijo—, aceptaré, señora. Las habitaciones de Su Majestad son demasiado reducidas para que yo quiera una a expensas de sus comodidades; y supongo que bien habrá en las buhardillas del edificio un pequeño rincón para mÃ. La Reina balbuceó algunas palabras ininteligibles.
—Condesa —dijo el Rey—, tenéis razón; se buscará todo eso mañana para alojaros lo mejor que sea posible.