La Condesa de Charny

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Sin embargo, un leñador aseguró haberle visto hacia medianoche llevando en sus brazos algo como el cuerpo de una mujer, y en dirección a la cabaña del padre Clouis; mas esto no era probable, atendido que el padre Lajeunesse pretendía que también lo vio corriendo por el camino de Boursonnes hacia la una de la madrugada; mientras que Maniquet, que vivía en la extremidad del pueblo, estaba seguro de haberlo visto pasar a las dos o dos y media por delante de su puerta, habiéndole gritado: «¡Adiós, Pitou!», a lo cual contestó el otro: «¡Buenas noches, Maniquet!».

De esto último no podía quedar la menor duda; mas para que el leñador hubiese visto a Pitou en las inmediaciones de la Piedra Clouisa con una mujer en los brazos; para que el padre Lajeunesse le encontrara en el camino de Boursonnes a la una de la madrugada; para que Maniquet le diera las buenas noches al pasar por delante de su puerta, hora y media después, habría sido necesario que Pitou, a quien hemos perdido de vista con Catalina a eso de las diez y media de la noche, en los barrancos que separan a Pisseleu de la granja, hubiese ido desde aquí a la Piedra Clouisa otra vez, y luego a su casa, lo cual suponía que para poner a Catalina en lugar seguro, ir a buscar noticias del Vizconde y ponerlas después en conocimiento de Catalina, habría recorrido, entre las once de la noche y las dos y media de la madrugada, unas nueve o diez leguas.


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