La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Se recordarán las últimas palabras de Mirabeau a la Reina, en el momento en que, al despedirse de ella en Saint-Cloud, esta le dio a besar su mano.
—¡Por este beso, señora —habÃa dicho—, la monarquÃa está salvada!
Esta promesa, hecha por Prometeo a Juno a punto de ser destronado, era la que se trataba de cumplir.
Mirabeau habÃa comenzado la lucha confiando en su fuerza, sin pensar que después de tantas imprudencias y de tres conspiraciones abortadas, se comprometÃa a una lucha imposible.
Tal vez Mirabeau —y esto hubiera sido lo más prudente— hubiera combatido todavÃa algún tiempo sirviéndose del disimulo; pero a los dos dÃas de aquel en que fue recibido por la Reina, al dirigirse a la Asamblea vio grupos y oyó gritos.
Se acercó a uno de los grupos y preguntó cuál era la causa de aquellos.
De mano en mano se pasaban unos pequeños folletos.
Y de vez en cuando una voz gritaba:
—¡La Gran Traición del señor Mirabeau! ¡La Gran Traición del señor Mirabeau!
—¡Ah, ah! —exclamó, sacando del bolsillo una moneda—, ¡parece que se trata de mÃ!…
