La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Amigo mÃo —continuó dirigiéndose al hombre qué distribuÃa los folletos, y que tenÃa varios miles en cestos que le llevaban tranquilamente allà donde se le antojaba colocarse, ¿cuánto vale el folleto?
El vendedor fijó la vista en Mirabeau.
—Señor Conde —le dijo—, doy esto de balde.
Y añadió en voz baja:
—¡Y se han tirado cien mil ejemplares! Mirabeau se alejó pensativo. ¡¡Aquel folleto que se daba de balde! ¡Y aquel vendedor que le conocÃa!
Pero sin duda el folleto era una de tantas publicaciones estúpidas u ofensivas como se daban a luz a miles en aquella época.
El exceso de odio o de la ineptitud las impedÃa ser peligrosas, anulando todo su valor.
Mirabeau fijó la vista en la primera página y palideció.
ContenÃa la lista de sus deudas, y, ¡cosa extraña!, era exactÃsima.
¡Doscientos ocho mil francos!
Al pie de la página leÃase la fecha del dÃa en que esta suma fue satisfecha a los diferentes acreedores de Mirabeau por el limosnero de la Reina, señor de Fontanges.
Después se expresaba la cifra de la cantidad que la corte le pagaba mensualmente.
Seis mil francos.