La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Veamos, vuestro deber es velar sobre el enfermo a quien acabáis de resucitar; no son más que las cinco de la tarde, estamos en los dÃas más largos del año y hace buen tiempo; tomemos el coche y veamos a Argenteuil.
—Sea —contestó Gilberto—. Cuando se trata de la curación de una salud tan preciosa como la vuestra, querido conde, es preciso estudiarlo todo… ¡Vamos a ver vuestra futura casa de campo!