La Condesa de Charny

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Capítulo LXIII

Mirabeau no había montado aún la casa, y por consiguiente, no tenía coche propio; de modo que el criado hubo de ir a buscar uno de plaza.

En aquella época era casi un viaje ir a Argenteuil, adonde se va hoy en once minutos, y adonde se irá tal vez, dentro de diez años, en once segundos.

¿Por qué Mirabeau había elegido Argenteuil? Era porque los recuerdos de su vida, como acababa de manifestarle al doctor, se relacionaban con aquella pequeña ciudad, y porque el hombre experimenta tal necesidad de duplicar el corto período de la existencia que se le ha concedido, que se aferra cuanto puede al pasado para ser conducido menos rápidamente hacia el futuro.

En Argenteuil era donde había muerto su padre, el marqués de Mirabeau, el 11 de julio de 1789, como debía morir un verdadero noble que no quería presenciar la toma de la Bastilla.

Así es que en la extremidad del puente de Argenteuil, Mirabeau mandó detener el coche:

—¿Hemos llegado ya? —preguntó el doctor.

—Sí y no; aún no estamos en el castillo del Marais, situado a un cuarto de legua más allá de Argenteuil; pero se me ha olvidado deciros que lo que hacemos hoy, querido doctor, no es una simple visita, sino una peregrinación, y en tres estaciones.


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