La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Vuestra Majestad no necesita que se le defienda hallándose enmedio de sus amigos, y ahora me parece salvada, puesto que desaparece el desmayo en que habÃa caÃdo.
—¡La condesa de Charny! —exclamó la Reina retirando los brazos que estrechaban a Andrea, a quien casi rechazó en el primer impulso.
Ni este ademán, ni el sentimiento que le habÃa inspirado, pasaron desapercibidos para Andrea.
Mas en el primer momento permaneció inmóvil hasta la impasibilidad.
Después, retrocediendo un paso, preguntó:
—¿Ordena la Reina que le ayude a desnudarse?
—No, Condesa, gracias —contestó la Reina con voz alterada; me desnudaré sola… Volved a vuestra habitación, porque debéis tener necesidad de dormir.
—Volveré a mi aposento, mas no para dormir, señora, sino para velar por el sueño de Vuestra Majestad —contestó Andrea.
Y después de haber saludado respetuosamente a la Reina, se retiró a su habitación, con ese paso lento y solemne que serÃa el de las estatuas, si estas anduviesen.