La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y sin embargo, bajo aquella lluvia invernal, bajo aquellas ráfagas impetuosas, a la luz de aquellos rayos, no del sol sino del dÃa, y filtrándose a través de la bóveda sombrÃa de las nubes, los federados entraban en el inmenso circo por las tres aberturas del Arco del Triunfo; después, detrás de su vanguardia, por decirlo asÃ, compuesta de unos veinticinco mil hombres que se desarrollaban en dos lÃneas circulares para abarcar el contorno del circo, venÃan los electores de ParÃs, seguidos de los representantes del distrito y de la Asamblea nacional.
Todos aquellos cuerpos, que tenÃan señalados sus puestos en las galerÃas que se apoyaban en la Escuela militar, seguÃan una lÃnea recta, que se abrÃa tan sólo, como la ola delante de una roca, para costear el altar de la Patria, reuniéndose más allá como lo habÃan hecho más acá, y tocando ya con la cabeza las galerÃas, mientras que la cola, inmensa serpiente, extendÃa su último repliegue hasta el Arco del Triunfo.
Detrás de los electores, de los representantes y de la Asamblea nacional, venÃa el resto del cortejo, federados, diputaciones militares y guardas nacionales.