La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Su traje, aunque elegante, revelaba un poco de esa severidad que se comenzaba a mostrar en Francia, y cuyo verdadero origen estaba en las relaciones que acabábamos de tener con América.
Su andar, sin ser vacilante, no era tan firme como el de Billot ni tan rÃgido como el de Saint Just.
Pero lo mismo en su paso que en todos sus modales, reconocÃase cierta vacilación que al parecer le era natural.
—Acércate —dijo el presidente.
El candidato obedeció.
—¿Cuál era tu nombre entre los profanos?
—Luis Felipe José, duque de Orleáns.
—¿Y cuál es tu nombre entre los elegidos?
—Igualdad.
—¿Dónde has visto la luz?
—En la logia de los Hombres Libres de ParÃs.
—¿Qué edad tienes?
—No tengo edad.
Y el duque hizo una señal masónica, indicando que estaba revestido de la dignidad de rosacruz.
—¿Por qué deseas ser recibido entre nosotros?
—Porque habiendo vivido siempre entre los grandes, deseo vivir al fin entre los hombres; porque habiendo vivido siempre entre enemigos, deseo vivir al fin entre hermanos…
—¿Tienes padrinos?