La Dama pálida

La Dama pálida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces el jefe arrojó un grito más expresivo que los demás extendiendo hacia nosotros la punta de su sable. Sin duda esa orden era la de envolver en un círculo de fuego nuestro último grupo y fusilarnos a todos juntos, porque los largos mosquetes moldavos se bajaron simultáneamente. Comprendí que había llegado nuestra hora suprema. Levanté los ojos y las manos al cielo en mi postrer rezo y aguardé la muerte.

En aquel momento vi, no bajar, sino precipitarse, saltar de roca en roca, un joven que se detuvo en pie, sobre una piedra que dominaba toda aquella escena, parecido a una estatua en su pedestal, y que, extendiendo la mano sobre el campo de batalla, no pronunció más qué una sola palabra:

—¡Basta!

A tal voz alzaron todos la mirada pareciendo obedecer a aquel nuevo jefe. Sólo un bandido, uno solo, encarándonos el fusil, hizo fuego.

Uno de nuestros hombres exhaló un grito; la bala le había roto el brazo izquierdo.

Volvióse casi en seguida para arrojarse sobre el que le había herido, pero antes de que hubiese dado cuatro pasos su caballo, un relámpago brilló encima de nosotros, y el bandido rebelde caía, despedazada por un balazo la cabeza.

Tan diversas emociones habían agotado mis fuerzas: me desmayé.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker