La Dama pálida

La Dama pálida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando recobré mis sentidos, me hallaba tendida en la yerba, apoyada la cabeza sobre las rodillas de un hombre de quien sólo veía la mano blanca y cubierta de sortijas, rodeando mi talle, en tanto que, ante mí, en pie, cruzado de brazos y con el sable bajo uno de ellos, estaba el jefe moldavo que había dirigido el ataque contra nosotros.

—Kostaki, decía en francés y en tono de mando el que me sostenía, vais a ordenar al instante que vuestros hombres se retiren y a dejarme cuidar a esta mujer.

—Hermano mío, respondió el aludido que parecía contenerse con pena; hermano mío, cuidad de no apurar mi paciencia. Yo os dejo el castillo, dejadme vos el bosque. En el castillo vos sois el dueño pero yo soy aquí el soberano. Me bastaría aquí una palabra para obligaros a obedecerme.

—Kostaki, soy el mayor, es decir, el dueño en todas partes, lo mismo en el castillo que en el bosque, lo mismo allí que aquí. ¡Oh! soy de la sangre de Brankovan, como vos mismo, acostumbrado también a mandar, y mando.

—Vos, Gregoriska, mandáis a vuestros lacayos, pero a mis soldados ¡no!

—Vuestros soldados son bandidos, Kostaki… bandidos que haré colgar de las almenas de nuestras torres, si al instante no me obedecen.

—Pues bien, tratad de mandárselo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker