La Dama pálida

La Dama pálida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Smeranda me amaba también con apasionada amistad cuya expresión me daba miedo. Protegía visiblemente a Kostaki y parecía estar más celosa de mí, de lo que lo estaba él mismo. Sólo que, como no entendía el polaco, ni el francés y yo por mi parte no entendía el moldavo, no podía instar mucho en favor de su hijo; pero había aprendido a decir en francés tres palabras, las cuales repetía cada vez que sus labios se posaban sobre mi frente:

—Kostaki ama Hedwigia.

Un día supe una noticia terrible y que vino a colmar mis desdichas; habían sido liberados los cuatro hombres que sobrevivieran al combate, y habían partido para Polonia, jurando que uno de ellos volvería antes de tres meses para darme noticias de mi padre.

Uno de ellos regresó, en efecto, una mañana.

Nuestro castillo había sido tomado por asalto, incendiado y arrasado; mi padre se hizo matar defendiéndole.

Estaba sola en el mundo.

Redobló sus instancias Kostaki y su ternura Smeranda; pero por aquella vez pretexté el luto de mi padre. Kostaki insistió diciendo que cuanto más aislada me hallaba, más necesidad tenía de sostén; su madre insistió con él y más que él quizá.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker