La Mano del Muerto
La Mano del Muerto "Una persona que mucho distingue y respeta a V. E., acaba de conocer que el secreto de V. E. está descubierto en Roma. PermÃtame V. E. que le avise, pues de ningún modo deseo que pase por el menor vejamen.
Vuestro afectÃsimo
Conde de Monte-Cristo".
— ¡Oh! Esta idea es magnÃfica —murmuró Benedetto al poner aquel tÃtulo en la carta—. Este nombre es conocido por todas partes y por todas las gentes, y el misterioso vecino dará más crédito al aviso que le envÃo. Si fuera alguien que quisiera ocultar su verdadero nombre, ha de temblar y agitarse; de lo contrario, tirará a un lado este papel tomando por un intrigante a aquel noble señor.
En aquel momento apareció Pastrini, que con toda cortesÃa pidió la competente venia antes de entrar.
—Entrad —respondió Benedetto, cerrando la carta.
—Aquà está el billete que V. E. me encomendó para el Teatro Argentino; mañana se cantará la ópera SemÃramis, en que cantan por segunda vez las señoritas d'Armilly.
—Muy bien.
— ¿V. E. quiere darme sus órdenes?
—Esta carta ha de entregarse sin demora a vuestro huésped del primer piso.
— ¿Cómo, excelentÃsimo?, él no recibe cartas.